Hermanos Górriz

A principios de los años 30 del siglo XX, José Górriz Martínez, padre de los conocidos como “hermanos Górriz”, elaboraba cerámica de mesa y cocina. Pero casi siempre utilizaba barniz de plomo (“royo”); la demanda de la cerámica estannífera decorada de Teruel, era residual. También se veía obligado a producir tejas para completar hornadas y paliar la escasez de ventas debido a la competencia de las producciones industriales. Tras setecientos años de Historia, se intuía cercano el fin de la alfarería turolense.

Sin embargo, sus hijos, conocidos como los hermanos Gorriz, consiguieron cambiar esta inexorable tendencia. Y en la actualidad se trata de un producto apreciado e integrado en los circuitos comerciales, presente en hogares de los cinco continentes y con un prometedor futuro. Esta es su historia.

Una saga de alfareros.

José Górriz Martínez inició su actividad en una alfarería del barrio de Ollerías del Calvario; después adquirió la ollería de la viuda de Mamés Lozano, actualmente conocido como alfar de los hermanos Górriz. Padre de José Vicente y Adoración, se casó en segundas nupcias con Vicenta Valero Martínez. De esta unión nacerán Ismael, José Antonio y Consuelo.

José falleció en 1935. Su hijo mayor José Vicente se hizo cargo de la producción. Esta situación duró poco tiempo, ya que fue reclutado durante la Guerra Civil, trasladándose el resto de la familia a Almenara.

Al acabar la Guerra, retornaron a Teruel y reiniciaron la actividad alfarera. Pero pronto surgieron diferencias de criterio entre los hermanos: José Vicente quería seguir con la fabricación utilitaria en barniz “royo”, mientras que Ismael apostaba por la recuperación orientada a usos decorativos de la antigua cerámica estannífera. La primera de las opciones, acompañada de las inevitables tejas, dominó la producción durante los años 40.

Pero las cosas empezaron a cambiar a partir del II Concurso-exposición de artesanía de Teruel, al que se presentaron por separado tres de los hermanos. El 1º premio lo obtuvo Ángel Novella, con una orza inspirada en el siglo XV; José Vicente quedó el 2º, con un gran perol de barniz “royo”; y José Antonio e Ismael lograron el 3º, por un lote de cerámicas decoradas.

A partir de ese momento, la cerámica estannífera decorada se fue incrementando en detrimento de la “roya”; y se fueron sucediendo los ensayos, con pinceles gruesos y sabor muy popular, inspirados en la tradición del siglo XIX. En 1953 obtuvieron el título de “Expositor de Honor” en la Feria Internacional del Campo (Madrid) y la medalla de plata de la I Exposición Internacional de Artesanía (Madrid).

En ese mismo año, José Vicente y Adoración se trasladaron al antiguo taller de su padre, en Ollerías del Calvario; Ismael, José Antonio y Consuelo permanecieron, junto a su madre, en el de San Julián. Fue en este último alfar en el que se fraguó el renacimiento de la cerámica decorada de Teruel, gracias a la decidida apuesta por esa producción y el abandonando la agonizante cerámica de barniz “royo” y las tejas.

El 55 fue un año intenso. Se presentaron a la Exposición Internacional “Les chefs-d’oeuvre de la Céramique Moderne” (Cannes); obtendrán el Diploma de Honor de la Académie Internationale de la Cerámique. También se presentaron a la “XII Exposition Universal de Vins”, concediéndoles la Medalla de bronce de la Société Philomathique de Bordeaux. Paralelamente, Ismael fue nombrado “Artesano Ilustre” por la Obra Sindical de Artesanía.

Estos éxitos abrirán las puertas a la internacionalización de la producción, con cauces estables de comercialización en Francia, Canadá, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Andorra, Islandia, Israel, Hong Kong, Filipinas y Japón. En 1965 el alfar fue visitado por Morisaburo Seki, embajador de Japón.

La demanda se incrementó aún más a raíz de su participación en 1966 en la Exposición “La Cerámica Española desde la Prehistoria hasta nuestros días”, celebrada en el Casón del Buen Retiro de Madrid.

En los años siguientes, el éxito comercial irá acompañado de los reconocimientos. Recibieron medallas en distintas Exposiciones Provinciales de Artesanía celebradas (dos de oro y cuatro de plata entre 1969 y 1976), Exposiciones Artísticas Aragonesas (una de oro, otra de plata y una tercera de bronce entre 1969 y 1972); y en 1969 se les otorgó la Medalla de Plata y el nombramiento a Ismael como “Artesano Distinguido” por la Obra Sindical de Artesanía. Muchas de sus piezas se integraron en exposiciones y museos de Europa y América.

El inicio de los años 70 quedó marcado por el paulatino empeoramiento de los problemas de salud de Consuelo; la hermana menor de los Górriz falleció en 1975, con tan solo 42 años. Ese mismo año enfermará Ismael, que morirá en 1978, a los 52 años. Ambas pérdidas serán un duro golpe para José Antonio, que seguirá produciendo a un ritmo mucho menor hasta su traslado a Burriana (1981). No obstante, seguirá fabricando esporádicamente alguna pieza hasta 1984. Falleció en 1987, a los 59 años de edad.

En el cuarto de siglo que media entre 1953 y 1978, los hermanos Górriz-Valero protagonizaron el vigoroso renacer de la casi extinta cerámica de Teruel. Y pese a que los problemas de salud y su temprano fallecimiento nos privaron de sus obras de madurez, el camino ya estaba desbrozado y otros alfareros ya se habían sumado a este proceso imparable.

 

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