Alfar

Figura de protección: Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés, por Orden de 14 de julio de 2005, del Departamento de Educación, Cultura y Deporte.

Partes del alfar y proceso de producción.

Las instalaciones se distribuyen en torno a la era, pequeña explanada en la que se trituraban las arcillas con un “rulo” tirado por una caballería; después se cribaban para retirar trozos no disgregados. En uno de los laterales se encuentran el pozo y dos pequeñas balsas; la tierra cribada se amasaba con agua en la balsa más cercana al pozo, decantándose en la otra.

En el lateral nororiental se sitúan los obradores. En su interior está el barrero, receptáculo excavado en el suelo en el que se guardaba la arcilla procedente de la balsa de decantación; de él se extraía la cantidad de barro que se pensaba utilizar al día siguiente, dejándolo extendido sobre el suelo toda la noche. Por la mañana se masaba con los pies, formando pellas; estas se sobaban con las manos sobre el banco de madera o sobador, formando los masones de forma cilíndrica con los que se torneaban las piezas. En los años 50, los tornos estaban situados en la sala suroriental, iluminados por una claraboya abierta en el tejado. Después se trasladaron al edificio septentrional.

En el obrador también se pintaban las piezas, pero como había poca luz, con frecuencia tenían que hacerlo en la era. En los años 60 se construyó un nuevo edificio destinado a tal fin, adosado a los anteriores.

En la parte oriental de la era está el horno de barniz ó padilla. Está formado por dos cámaras dispuestas en horizontal y unidas mediante una pequeña galería; la cámara de combustión (olla) es mucho más grande que la de calcinación (mosa). En este horno se fundía la mezcla de estaño y plomo con la que se elaboraba el barniz blanco. Posteriormente se agregaba arena (de Villel) y sal común, cociendo la masa en la cámara de combustión de los hornos de cerámica. Esta estructura, empleada también para la elaboración de barniz “royo” (de plomo), fue utilizada hasta mediados de los años cincuenta.

Otro tipo de estructura asociado a la elaboración de barnices son los molinos de colores; esta alfarería dispone de dos. El más grande era movido por una caballería y se empleaba para moler los barnices “royo” y blanco, de los que se precisaban mayores cantidades. El segundo molino es mucho más pequeño; se encuentra en la estancia septentrional de los obradores, frente a los tornos, y era accionado por los propios alfareros.

El alfar cuenta con tres hornos de cerámica, en los que se realizaban las dos cocciones de la cerámica decorada de Teruel: el “bizcochado” y, tras la aplicación de barnices, el esmaltado. Son hornos de doble cámara, tiro vertical y bóveda fija. Ambas cámaras, separadas mediante una parrilla perforada, están forradas de ladrillo y poseen accesos independientes; la cámara de fuego (olla) es semisubterránea; la de cocción posee una abertura central en la bóveda.

El horno situado junto a los obradores es el mayor y el más antiguo. Tiene planta ligeramente rectangular. Su revestimiento interior alterna hiladas de ladrillos y birlos (clavos de alfarero) reutilizados, reflejando una máxima economía de medios. Junto a este, hay otro horno de planta cuadrada con esquinas redondeadas. El tercer horno es de planta circular.

El alfar contaba con amplios cobertizos en el flanco noroccidental, sustentados mediante pilares de ladrillo y el frente abierto a la era. A ellos se abre el collarete, vano de acceso y alimentación de la cámara de fuego. Los cobertizos servían de almacén del combustible, la tierra y la producción.

El conjunto se completaba con la casa de los alfareros. En 1869 se situaba en el flanco suroccidental; entre 1881 y 1912 se sustituyó por un edificio de dos plantas, sito en el flanco suroriental, que tenía adosado un almacén de una planta. Hacia 1970, problemas estructurales obligaron a demoler el edificio de vivienda, construyéndose otro en el extremo meridional del conjunto, frente al cobertizo del carro. En esas mismas fechas se urbanizó la rambla del Chepa, lo que supuso el traslado de la entrada a la explotación desde el flanco nororiental (callejón de Villacisneros), a su ubicación actual.

Restos arqueológicos.

La intervención arqueológica realizada por el Taller de Empleo ha permitido detectar la presencia de distintas estructuras vinculadas a fases más antiguas del conjunto alfarero, que se encuentran actualmente en estudio.

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